No soy de aquí ni soy de allá

Por Laura Aguilar Ramírez


Ya me enteré del chisme. El domingo pasado, Domingo de la Alegría, el padre nos dijo que pronto se nos anunciaría una buena noticia para la comunidad de la Capilla a la que asisto.

Empecé a sentirme inquieta. El chisme me encanta jeje. Después supe de qué se trataba, porque las noticias se filtran como el agua. Y empecé a sentirme más inquieta.

Hoy nos dijo finalmente que la Capilla será Parroquia. 
Algo que desde hace 23 años soñamos muchos de los que estuvimos desde los inicios de nuestra comunidad. 

"No estamos preparados" fué lo primero que pensé cuando supe de qué se trataba. 
Hace 23 años necesitaba oración, al menos éso sentía. Me enojaba porque no había lo que yo necesitaba o sentía necesitar. 
Deseaba que fuera Parroquia porque yo necesitaba que fuera así. 
 En una Parroquia hay lo necesario. O por lo menos en las que conocí. Llega uno y hay secretaria que lo recibe y le informa, hay sacerdote para confesarse, hay misas diario a distintas horas.

En cambio la Capilla a la que asisto la ví nacer prácticamente. Se nos daba alojamiento en la capillita de una familia que nos dejaba hacer ahí las misas y demás actividades. Esa familia también nos cedió un terreno donde construir y siempre ha cooperado en la construcción, remodelación y demás.

La comunidad ha trabajado por supuesto, pero siento que hemos recibido mucho sin merecerlo. Hemos sido medio rebeldones, no nos hemos dejado formar. Pocos hemos respondido a las distintas invitaciones que nos han hecho de la Parroquia. "A mí que me den" le llamo yo a mi comunidad.

Así que no pude evitar llorar cuando nos dieron la noticia. Por supuesto que hubo contento más de parte de los servidores que de los fieles, muchos de los cuales no creo que sepan siquiera la diferencia entre una cosa y otra.

No pude evitar pensar en cada sacerdote que ha pasado por ésta Capilla, en servidores que ya no están, en otros que han fallecido. En un sacerdote que inició la capilla cercana, la cual tiene más o menos nuestra edad. Sacerdote que ya falleció. En otro sacerdote que lo vimos retirarse enfermo. En seminaristas que llegaron, se hicieron diáconos en nuestra Parroquia y después sacerdotes.

En fin. Un cúmulo de emociones. Alegría, melancolía, esperanza y dolor.
 Dolor porque quisiera que fuéramos más devotos, más entregados. 
Tuve la oportunidad de formarme fuera de la comunidad, llevada del gran vacío que sentía y de la gran necesidad de conocer de Dios y de nuestra fé.

No todos somos iguales, como no son iguales los dedos de cada mano y ni siquiera los pulgares de una mano son iguales a los de la otra. Una comunidad no se forma en base a una persona, sino que va creciendo junta. Yo no me siento parte de ésa comunidad, a pesar de que es donde escucho misa y tomo los sacramentos.

No vivo tampoco en las cercanías, como para convivir fuera del templo con las personas. 
"No soy de aquí ni soy de allá" dice una canción y muchas veces me siento y me he sentido así en muchos lados.

Esa sensación la he tenido desde que llegué por éstos rumbos. Por increíble que parezca, no conozco a muchos de mis vecinos. Los veo pasar casi a diario por la puerta de cristal de mi casa. En la esquina pasa el camión y mi casa es la segunda así que muchos que toman camion, pasan enfrente. Otros pasan en carro porque estamos casi en la esquina donde dan vuelta para salir de la colonia.

Y no tengo relaciones con ninguno de ésos vecinos. Lo intenté varias veces, me acerqué, los busqué pero fué inútil. Finalmente abandoné la lucha. Lo mismo me sucede en la Capilla. Estoy, pero no soy parte.

Eso mismo me ha sucedido en la familia de mi esposo. Por más que hice el intento, llegaron a decirme "no eres de mi familia".
Crecí en un internado mientras mis vecinitos convivían diariamente entre ellos. Yo sólo los sábados y en vacaciones.
Lo mismo me sucedió con mi familia. Mientras mis tíos, sobrinos y hermanos convivían entre ellos diariamente, yo crecí al lado de mi abuelita cuando pequeña y después en internados.

Por la misma razón no pude consolidar ninguna amistad. La secundaria donde estudiaba estaba lejos de mi casa y mis compañeros también. Ellos convivían en las tardes y yo no.

Así que me alegro porque podré ir a misa diariamente, podré asistir a la Adoración del Santísimo. El es mi consuelo. Yo ya gané con ello.

Y es que Dios es maravilloso. Da a cada uno lo que cada uno necesita. Por lo menos a mí me lo ha dado siempre. El hecho de que no me dé cuenta es distinto.
Tengo todo lo que necesito y más, gracias a Dios.

Otra buena noticia es que se queda nuestro padre. El llegó siendo diácono en tiempos difíciles del COVID. De hecho, se ordenó sacerdote aún en ése tiempo. No pudimos asistir a su ordenación como habíamos hecho con otro diácono anterior.
A los pocos meses, se acabó la contingencia y pudimos celebrar misa normalmente.
 
Se quedó en nuestra comunidad como vicario o sea ayudante del párroco. Normalmente a los 5 años los sacerdotes son cambiados a otra comunidad. Yo pensaba que lo mismo sucedería con éste. Pero no. El va a ser el primer párroco de nuestra comunidad. Lo cual me da mucho gusto. Se le quiere porque ha estado con nosotros todo el tiempo y porque lo hemos visto crecer como sacerdote.

Siento desazón porque ser Parroquia es otra cosa. Ya no seremos servidos, sino servidores de otras dos capillas.
Pero también tranquilidad porque si somos llamados a ser Parroquia, seguramente nos formarán para ello, jeje. Nadie nace sabiendo. Y nosotros no sabemos lo qué es ser Parroquia. Muchos de nosotros, ni siquiera participábamos en las actividades a las que se nos invitaba en ella.

Las lecturas de hoy son esperanzadoras. Por lo menos yo, hace mucho no pensaba en ser Parroquia. Hace mucho había perdido ésa ilusión. Estaba bien siendo Capilla. Había deseado y durante mucho tiempo que se hiciera Parroquia, pero me acostumbré a misas por internet diariamente, a ir a la Parroquia y a la Catedral cuando se nos invitaba a alguna plática, retiro o actividad y a escuchar misa los domingos en la Capilla.

Ahora tendremos ésos servicios más cerca. Sé que servirá para mayor Gloria de Dios, sé que la comunidad se fortalecerá con ello. Que como Lázaro resucitaremos, saldremos del sepulcro a pesar de ya oler mal. Después de 23 años, seremos por fin una comunidad de misa diaria.
"Familia que reza unida, permanece unida"

Eso es para sentirse feliz.
Hay mucho trabajo por delante. Se necesita construir lo que hace falta para el cambio. Por éso sí ya hemos pasado en nuestra Capilla, la vimos crecer desde cero en el terreno cedido. Escuchamos misa cubiertos con lonas, sentados en sillas que se ponian antes de misa y se quitaban después, nos hincábamos en la tierra. 
Pero nos hace falta para ser Parroquia. Empezando por la casa parroquial, falta una oficina, reacomodar la Sacristía, hacen falta un almacén y arreglar la cocina, etc. etc.

"Cristo no tiene donde reposar la cabeza" le escuché decir al primer párroco de nuestra aún Parroquia. Y es que él vivió primero alojado en casa de unos fieles, después se le consiguió una traila grande que servía de bodega, casa parroquial y salón de catequésis. Vivía  con cajas por todos lados,  casi casi encima de él y debajo de él,  jeje.
Ahora nuestra aún Parroquia ya cuenta con casa parroquial, oficina, sacristía, salones de catequésis y un lugar para reuniones. Tiene un hermoso jardín con una fuente llena de flores y la Virgen en ella, unos bonitos confesionarios. Chula repreciosa.

Ahora nos toca a nosotros empezar como ellos empezaron.



Primera Lectura
Ezequiel 37, 12-14

Esto dice el Señor Dios: “Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo a la tierra de Israel.

Cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo mío, ustedes dirán que yo soy el Señor.
Entonces les infundiré mi espíritu y vivirán, los estableceré en su tierra y ustedes sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo cumplí”.


Salmo Responsorial
Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8
R. (7) Perdónanos, Señor, y viviremos.


Desde el abismo de mis pecados clamo a ti;
Señor, escucha mi clamor;
que estén atentos tus oídos
a mi voz suplicante.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

Si conservaras el recuerdo de las culpas,
¿quién habría, Señor, que se salvara?
Pero de ti procede el perdón,
por eso con amor te veneramos.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

Confío en el Señor,
mi alma espera y confía en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
mucho más que la aurora el centinela.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

Como aguarda a la aurora el centinela,
aguarda Israel al Señor,
porque del Señor viene la misericordia
y la abundancia de la redención,
y él redimirá a su pueblo
de todas sus iniquidades.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

Segunda Lectura
Romanos 8, 8-11

Hermanos: Los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes.

Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. En cambio, si Cristo vive en ustedes, aunque su cuerpo siga sujeto a la muerte a causa del pecado, su espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios.

Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes.

Aclamación antes del Evangelio
Juan 11, 25. 26

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor;
el que cree en mí no morirá para siempre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.

Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz”.

Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”. Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”.

Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”. Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar allí y la siguieron.

Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?

Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.

Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.

Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.