Uno para todos, todos para uno

Por Laura Aguilar Ramírez



Jesús es polémico, no porque El en sí haga polémica, sino porque es Verdad. En El no hay mentira.
Podemos ver entonces a la luz de ésto porqué al llegar a Jerusalen sacó el látigo el lunes para derribar la mesa de los vendedores que ni iban a orar al templo sino a hacer negocio, lo vemos maldiciendo una higuera.
Esos actos realizados en Jerusalen hace que los sumos sacerdotes y fariseos discutan entre ellos sobre ése hombre llegado de Galilea, tierra pobre de la cual decian no había salido nunca nada bueno.

Polémica. Hubo un hombre fariseo, Nicodemo que había ido a hablar con él en la noche y por ello lo defendía. Alegaron con él y después "cada uno de ellos se fue a su propia casa."
Los guardias no lo habían apresado a pesar de haber sido enviados para ello.

Así sucede también en la vida. Cada personaje soy yo: el que va a hacer negocio al templo, la higuera que no da frutos, Nicodemo que habla con Jesús pero a escondidas, un guardia que no cumple la órden de apresarlo "porque nadie ha hablado como El"

Yo me imagino como la conciencia. Un dime y direte en mi cabeza acerca de alguna situación, alguna persona o algún acto. Discute cada una de las partes que conforman mi ser y después cada una se va a su propia casa.
No hago nada.

¿Porqué entonces fué detenido, juzgado y muerto Jesús?
Porque hubo un discípulo que lo traicionó.

Ese también soy yo, Judas, que finalmente traiciona

Aquí un recuerdo de mis años de secundaria.

Había dos escuelas una al lado de la otra. Una era técnica (donde yo estudiaba) y otra normal.
Pocas veces coincidiamos. Nosotros entrábamos a las 7 de la mañana, ellos a las 8. Nosotros salíamos a las 2 de la tarde, ellas a la 1.

Sin embargo, hubo pleitos entre las secundarias. "Va a haber reunión en el parque" se empezaba a escuchar. Los que sabían, entendían de qué se trataba. Los demás sólo nos enterábamos al día siguiente que había habido pleito, que se habían agarrado a trompones. Y que la cosa se había parado cuando llegaron los prefectos.

Ese día convocaron a todos los alumnos al patio. En el centro, se encontraban varios alumnos. Eran los que se habían peleado.
¿Cómo los descubrieron si había la ley de mantener la boca callada entre el estudiantado? Sencillo. Cuando vieron aparecer a los prefectos, salieron todos corriendo hacia todos lados, olvidando sus mochilas o sus morrales o sus portafolios.

Nadie los había traicionado. Todos nos callamos por solidaridad, pero los descubrieon.
Y es que no se puede uno pelear cargando la mochila o el morral.

¿Y los prefectos cómo se enteraban?
Porque mantenían la vista fija en los cabecillas de la escuela. Y porque de pronto se esfumaba media escuela. No había mas que buscar el sitio de reunión.
Como Judas. Solitos se enojaban, solitos se peleaban y solitos se entregaban.

En 2do. grado, parece que escogieron a los lidercillos y los pusieron en un sólo salón: donde yo iba.
Los de primer grado andaban todavía medio azorrillados. Los de tercer grado, ya iban a salir y no deseaban manchar su historial y arriesgarse a que no se les entregara el certificado.

Pero los de 2do. éramos otra cosa. Si en 1o. no habíamos dado palo, en 2do. hacíamos lo que habíamos visto hacer. Y mejor. No nos peleábamos con la otra secundaria, si acaso en las competencias deportivas o de estudios. Tampoco andábamos fumando en las esquinas de la secu como veíamos hacer a los de tercero. Mucho menos, tomarnos unas cervezas como ellos, a escondidas de los profes.

El grupo al que yo iba era curioso: los mejores alumnos de la escuela íbamos ahí. Había un Cuadro de honor en donde se ponía a los mejores estudiantes de cada grado. Y en mi salón iban los mejores, pero también había uno que otro "colado" jeje.

Nos peleábamos por décimas las calificaciones entre nosotros. Y éramos los lidercillos de la escuela. Bueno.... yo era seguidora nadamás. Digo éramos porque pertenecía al grupo y chitón. Era también de las mejores estudiantes, aunque no participaba en muchas de las actividades fuera de la escuela porque vivía lejos. La mayoría se juntaba en las tardes para estudiar, platicar o jugar. Los lazos entre ellos eran fuertes.

Una mañana al bajar del camión, me hicieron señas. Y ahí fuí. Se encontraba medio salón. A medida que iban bajando de los camiones o llegando a la escuela, se iban integrando al grupo. Hubo cuatro que ya habían entrado y se les lanzaron piedras a las ventanas para que se dieran cuenta.

No se podía salir por la puerta antes de la hora de la salida. Aunque no se tuvieran clases. Así que para salir no había muchas opciones: saltar a la calle por el edificio lateral no se podía porque era el de las oficinas y el de la cooperativa.

No se podía saltar de los salones, porque tenían rejas bien bonitas, pero rejas. Las escaleras también estaban resguardadas por paredes con agujeros para que entrara la luz y el aire, bien bonitas pero no cabía ni las mochilas.

Pero éjele... eramos los más inteligentes, ¿no?

Se las ingeniaron los compañeros. Se brincaron al área de máquinas, que estaba también resguardado por una puerta con alambre en la parte superior. Era la única parte donde creyeron los prefectos estaba bien cubierta jeje
De ahí, no había mas que saltar a la calle por la puerta. Esa área había sido estacionamiento y después acondicionada para el cuarto de máquinas de escribir y en la parte superior estaban los otros talleres.

Así nos reunímos todos. Pero no éramos tan tontos para juntarnos enfrente. Sólo unos cuántos se quedaron afuera, diciéndonos dónde iba a ser la reunión. Y ahí, de uno en uno nos fuimos hacia ahí.

Sin embargo, nos cacharon jeje. Uno de los compañeros "colados" estaba medio gordito y le costaba trepar por la barda y el alambrado. Y ahí nos cacharon. Muy gordito, pero subió y se salió, pero lo vieron porque no era tan ágil como nosotros. No sólo éramos buenos estudiantes, también éramos buenos deportistas jeje.

Salió gritando que nos habían cachado. Los que estaban avisando en la esquina, salieron disparados. Pero uno de los prefectos tenía muy buena condición y los pescó. Los demás nos dimos a la fuga por distintas calles. Sabíamos dónde reunirnos.

Los compañeros agarrados, no dijeron nada. Así que nos fuimos de pinta todo el salón, excepto ellos que sufrieron primero las consecuencias.

Al día siguiente, ya nos estaban esperando. A la entrada, nos iban separando y nos pusieron enmedio del patio delante de toda la escuela. Nos pusieron los libros en cada mano toda la mañana aguantando el rayo del sol. El prefecto al que nadie se le escapaba y por ello le deciamos "el nazi" estuvo a cargo de cuidarnos. Al primero que bajaba las manos, le daba un reglazo.
A mí se me hizo eterno el tiempo. Sólo fueron las dos primeras horas, con descansos cada media hora (tampoco eran tan sádicos jeje).

Nos enviaron a la casa con una nota para nuestros padres. Con la consigna de que si no se presentaban con nosotros al día siguiente, seríamos dados de baja.

"Ni te preocupes"- nos decíamos entre nosotros- "no pueden correr a todo el salón". Si tontos no eran los lidercillos. Quisieron irse de pinta, pero mejor todo el salón, así no los daban de baja jeje. "O todos juntos o ninguno".

Ese grupo fué la pesadilla de los prefectos. Todo quedó en la expulsión de uno de los "colados", una mala nota en las boletas que repercutía en el certificado, la reprobada en la materia de Civismo y en la de Etica.

Eso dolió. Pero más la expulsión del colado. Nos pusimos en huelga. Fuimos de salón en salón a alborotar. Media escuela salió a protestar al patio y la otra discutía qué hacer. No le expulsaron, por supuesto
Quien pagó los platos rotos fué nuestro asesor. Eso dolió mucho más.

Era un maestro muy querido por toda la escuela. Habíamos tenido el honor de ser elegidos como sus asesorados, seguramente por nuestras calificaciones y aptitudes.

Toda la escuela salimos a despedirlo. Protestamos, nos pusimos en huelga. Pero él nos habló diciéndonos que había sido un honor ser nuestro profesor, que le dolía mucho nuestra conducta, que éramos el mejor grupo de toda la escuela y los mejores alumnos y que esperaba mucho más de nosotros, que no podíamos y no debíamos echar nuestras vidas a perder por darnos a la vagancia, que debíamos ser ejemplo para los demás. Y un buen ejemplo.

Ni el prefecto nazi, ni la directora, ni los maestros lograron que mi grupo se calmara. Eso nos hizo darnos cuenta de que si éramos aplicados, si teníamos facultades para los deportes, si teníamos facultades mayores que los demás, no era para dar mal ejemplo.

Nos dijo que era nuestra responsabilidad si íbamos a ponernos al frente de algo, de ser los mejores en lo bueno, que de nosotros dependía que la escuela se portara bien o mal.

Total. Que nos dió una lección de responsabilidad que por lo menos yo, no he olvidado
Para el siguiente año, nuestro grupo fué disuelto entre los distintos grupos de tercero.
Seguimos siendo buenos deportistas, teniendo las mejores calificaciones hasta el final, peleando por décimas los lugares primeros, pero nunca hemos olvidado a nuestro profesor Ulrich. Por lo menos yo no lo he hecho.

Primera lectura
Jeremías 11, 18-20

En aquel tiempo, dijo Jeremías: "El Señor me instruyó y yo comprendí; él me explicó lo que hacían. Yo era como un manso cordero que es llevado a degollar, y no sabía lo que tramaban contra mí, diciendo: 'Talemos el árbol en su pleno vigor, arranquémoslo de la tierra de los vivos y que su nombre no se pronuncie más'.

Ahora tú, Señor de los ejércitos, justo juez, que sondeas lo más íntimo del corazón, haz que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa"
.

Salmo Responsorial
Salmo 7, 2-3. 9bc-10. 11-12
R. (2a) En ti, Señor, me refugio
.

En ti, Dios mío, me refugio:
de mis perseguidores, sálvame.
No permitas que algunos, como fieras,
me destrocen y nadie me rescate.
R. En ti, Señor, me refugio.

Tú que llegas, Señor, a lo más hondo
del corazón humano,
Tú júzgame, Señor, según mis méritos;
conforme a mi inocencia, da tu fallo.
Apoya al hombre recto,
Pon fin a la maldad de los malvados.
R. En ti, Señor, me refugio.

Tengo mi escudo en Dios,
que salva a los de recto corazón.
Alabaré al Señor por la justicia
y cantaré el nombre del Altísimo.
R. En ti, Señor, me refugio.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Lucas 8, 15
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: "Éste es verdaderamente el profeta". Otros afirmaban: "Éste es el Mesías". Otros, en cambio, decían: "¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?" Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: "¿Por qué no lo han traído?" Ellos respondieron: "Nadie ha hablado nunca como ese hombre". Los fariseos les replicaron: "¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita".

Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: "¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?" Ellos le replicaron: "¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta". Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.